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lunes, 28 de diciembre de 2015

De sonrisas se va formando un corazón (Parte II)


Pero de lo que he podido escuchar no es que haya sido una tarea tan sencilla para él, pero nunca se rindió porque sentía que dentro de esa chica introvertida él encontraría su recompensa. Él dice que se sentía como un arqueólogo dentro de una excavación muy importante, limpiando con la mayor delicadeza posible un si fin de capas para al fin lograr descubrir un hermoso tesoro. Pero en el caso de él, las capas que iba superando eran las ideas negativas que ella tenía sobre todo el mundo y sobre las personas. Y fueron muchas las ideas de este tipo, unas más dificil de superar que otras, incluso en algunas veces él se llegó a preguntar si su voluntad y paciencia serían suficientes, pero cuando parecía que todo se volvía más oscuro, ella de una u otra forma conseguía involuntariamente darle esa fuerza que a él le faltaba y entonces se daba lo tan anhelado, que una idea negativa se destruyera y a cambio creciera la esperanza en ella, y mientras más crecía esta esperanza también se iba dibujando algo extraño en la cara de ella, digo extraño porque pocas veces se había visto algo así en su rostro. ¿Pero de qué estoy hablando? Pues de una sonrisa, de eso. Sí, yo sé que suena muy trillado pero es la verdad. Ella como mencioné ya muchas veces era una chica muy seria. Incluso amargada, según la opinión de algunos quienes la conocían. ¿Pero entonces cómo es posible que ella haya logrado cambiar tanto, hasta el punto de llegar a convertirse en la chica que constantemente sufre fuertes dolores de estómago de tanto reír? Ahí está el detalle. Pues ella no lo consiguió, fue él quien lo hizo. Y tal vez pueda sonar como sí ella nunca hubiese hecho nada, pero no es así, ella conseguía cosas distintas en él, porque de otra manera él no habría luchado tanto por ella. Incluso yo me atrevería a decir que ella descubrió algo mucho más desconocido en él, de lo que él descubrió en ella. Pero bueno, algún día les contaré ese lado de la historia. Aaaah, y por último quiero recordarles que mientras nosotros estamos leyendo esto, ellos dos lo más probable es que estén riendo como pocos, ¿y por qué?, pues sencillo, porque fueron valientes y salieron a buscar su felicidad propia, y en ese camino se encuentran, en uno que parece no tener fin, pero del cual cuando se entra ya no se quiere salir nunca más, y la única manera de serlo es siendo valientes, porque de demostrar algo de cobardía regresarían al principio y tendrían que volver a comenzar una vez más. Así que bueeeno, espero que algún día todos nosotros podamos al menos conocer el inicio de ese camino y emprender el mejor viaje de nuestras vidas.

♪♫ [Esperaba - Julieta Venegas]

viernes, 2 de agosto de 2013

Quiero...

... darte un besito de esquimal por las mañanas, en las tardes darte abrazos de gol de final del mundo en el último minuto, cuando sea de noche hacerte caricias como si mis manos fueran dos algodones grandotes y tu cuerpo la porcelana de la vajilla más buscada y costosa de todo el mundo, y en las madrugadas hacer el amor como si fuésemos las bestias más salvajes de la prehistoria. Y así sucesivamente.



♪♫ [Insisto - Ciro y Los Persas]

domingo, 26 de mayo de 2013

Domingo #1

Mientras queden paisajes por ver, sonidos por escuchar,
mientras queden libros por leer, y palabras para pronunciar,
mientras queden abrazos para dar, y besos por robar,
mientras existan dudas en mí, y una que otra certeza,
si algún día descubro que lo tengo todo, o que en realidad no tengo nada,
o aún mejor, que en realidad ninguna de esas dos posibilidades importa,
y mientras escribo me doy cuenta que perdí la idea de lo que iba a escribir, 
o será mejor así? Será que no quería realmente ponerle un fin? 



♪♫ [Mi guitarra y vos - Jorge Drexler]

jueves, 27 de diciembre de 2012

Acá las cosas están así.

Me encanta la manera en como te pones las manos en la cintura cuando te molestas conmigo, me fascina ese ruidito que haces cuando te empiezo a hablar de algo aburrido, me gusta cuando tienes frío y me abrazas, me gusta cuando te pones bien pero bien cerquita de mí y me quedas mirando directo a los ojos esperando que te de un beso, pero yo como siempre ando despistado te empiezo a decir cualquier cursilería, y te ríes y me pides que te bese, me fastidia que hayan muchas otras chicas tan o más guapas e interesantes como tú, y me perturba que todas causen en mí la misma sensación que tú.


 ♪♫ [Como Alí - Los Piojos]


miércoles, 11 de abril de 2012

Este Miercoles.

Los purgantes.
O los besos de despedida.
¿Qué sabe más amargo?




♪♫ [Baja la tensión - Cultura Profética]

lunes, 4 de octubre de 2010

Pequeña historia de amor

Había tenido una semana muy pesada. Tenía muchas cosas rondando por mi cabeza que me generaban cierto estrés, y existía la incertidumbre de un futuro muy dudoso. Entonces pasó por mi cabeza la idea de que hace un año había tomado una decisión equivocada y que cargaría con ese pesar por mucho tiempo.
No estaba muy feliz que digamos de como marchaba mi vida por esos días y eso me conducía a pensar en aquellos tiempos en que todo marchaba bien a pesar de que contaba con menos de lo que contaba en ese momento. Aquellos días sí que me los pasaba bien. La estadía en el colegio era muy agradable, siempre muy espontánea, llena de risas y de palmadas de amistad en la espalda. A la tarde solía pasar en casa de algún amigo. La mínima cosa nos producía una carcajada interminable que siempre concluía con un fuerte dolor de estomago. Y a la noche regresaba a la casa a seguir pasándola bien. Todos los días la pasaba tan bien que de pronto todo se volvió muy monótono. Luego de todo lo que me puso el destino en frente, esos recuerdos perduraban en mi memoria con el título de que quizá eran los mejores días de mi cortísima vida.
Con esos recuerdos, con esa incertidumbre que me llevaba a mostrar sólo sonrisas fingidas llegué a aquel lugar, al que decidí ir para despejar un poco la mente, a intentar revivir esos buenos momentos que me llevaron a tomar más de una decisión apresurada, a intentar volver a ser el mismo de antes... y algo me decía que esa noche el destino tenía planificado una sorpresa para mi.
Me acompañaba un viejo amigo al que no veía desde hace mucho. Avanzamos por el pasillo que conducía al salón en el que se iba a llevar acabo la ceremonia. Nos ubicamos en los asientos que habíamos reservado y cómodamente aguardábamos el inicio de la ceremonia. Entonces fue cuando sin previo aviso una mano se posó sobre mi hombro, me gire extrañado para percatarme de quien era, y... eras tú. Habías cambiado mucho desde la última vez que te había visto. La dulce niña que me había robado los sueños a lo largo de toda mi infancia ahora se había convertido en una hermosa mujer. Fue una linda sorpresa encontrarme contigo en aquel lugar y en aquel momento de mi vida. Charlamos durante toda la noche, recordamos viejos momentos que pensaba que ya los habías olvidado. Ya habían pasado muchos años desde la última vez que nos vimos y teníamos mucho que conversar. 

Después de mucho me contaste que habías ido a aquel lugar por la misma razón que yo. Que también estabas pasando por momentos difíciles. Que el volver a verme te había provocado una inmensa alegría y, que al igual que yo nunca habías olvidado lo que vivimos juntos. Las torpezas que hacía para llamar tu atención, torpezas que a la larga terminaron conquistándote. Recordamos el recreo en que tomé valor para darte el primer beso. Recordamos aquella tarde que lloraste en mi hombro por la muerte del perrito que te había regalado tu abuelita. Recordamos lo mucho que nos queríamos. Y sobre todo de ese ingenuo amor que solucionaba cualquier problema con sólo tomarnos de la mano. Recordamos con angustia el día en que nos despedimos en la parada de autobús y juramos volver a vernos.
Nos sumergimos tanto en el conversación que no nos percatamos que éramos los únicos que quedábamos en el salón. Entonces sonó mi teléfono. Era mi amigo, el cual me esperaba impacientemente en el parqueadero para poder regresar a casa.
Intercambiamos números telefónicos para mantenernos en contacto. Me diste un beso en la mejilla y corriste a tu auto.
Al llegar a mi casa me dispuse a descansar pero, mi mente no dejaba de dar vueltas, no podía dejar de pensar en ti. Giraba de un lado a otro en la cama pero no lograba conciliar el sueño. Eran ya las 3:AM pero mi corazón sabía lo que debía hacer.
Marqué tu número, no timbró ni siquiera dos veces y me contestaste. Los recuerdos tampoco te habían permitido dormir. Sin mucho prólogo acordamos una cita al día siguiente para seguir charlando.
Nunca me había arreglado tan bien para una cita, pero no fue en vano, porque desde esa tarde nos dimos cuenta que éramos el complemento que nos había hecho falta durante toda la vida. Que si el destino se equivocó al separarnos ahora nos tenía preparado días muy felices para ambos.
A la semana siguiente estábamos viajando rumbo a Punta del Este. La pasamos tan bien que decidimos alargar un poco nuestras vacaciones.
Hoy ya han pasado 11 años desde ese día, y nos disponemos a tomar el avión que nos llevé a Ecuador para que nuestras dos hijas conozcan la tierra en que sus padres iniciaron su amor, amor que aún nos produce las mismas mariposas en el estomago como cuando nos dimos el primer beso.