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viernes, 15 de septiembre de 2017

Canciones para los días tristes.

El walkman era el principal refugio de Isabel. Se pasaba horas escuchando las melodías que salían de ese aparato que le había regalado un amigo de su papá para su cumpleaños número 16. La música la transportaba a otro lugar del mundo, a lugares que solo había visto en sus sueños. Esos lugares que rodean el límite de la fantasía con la cruda realidad. Esos lugares que representaban vivencias desfiguradas de su vida, vivencias tristes y otras no tanto. La música además le hacía experimentar sensaciones que nunca antes había podido sentir. El levantar abrupto de sus vellos con los solos de batería que tanto le gustaban, y el latir de su corazón al compás de los estribillos de sus canciones favoritas. El dueño de la tienda de la esquina de su casa fue unos de los mayores beneficiarios del pasatiempo de Isabel, ya que con gran frecuencia ella debía cambiar las pilas desgastadas de su preciado walkman, para proveer de energía no solo a aquel aparatito, sino también a ella misma. Porque quién sabe lo que hubiese sido de ella sin su walkman, y sin la música en aquellos años tan tormentosos de su vida.

♪♫[Enjoy the silence - Depeche Mode]

miércoles, 1 de marzo de 2017

El miedo.

Ya no hay más fantasía, ni tampoco imaginación.
Ya no hay espontaneidad, ya no hay ilusión.
Ya no hay nada de eso, nada, absolutamente nada.

Todo eso parece haberse ido.
Se fue sin avisar, y sin dejar rastro.
Se me esfumó de las manos, porque la tuve.
Pero la dejé ir. No me di cuenta que la perdía.

Ahora su presencia es cosa del pasado.
Ahora está presente el miedo.
Ahora siento desconfianza.
Ahora hay demasiada premeditez.
Ahora todo es inseguridad.

Todo lo de afuera parece extraño.
Todo lo de afuera parece frágil.
Todo dentro de mí parece frágil.

Todo cuanto exista parece frágil.
Como si pudiera romperse.
Como si ya se hubiera roto para siempre.

♪♫ [Cambio de tonalidad - Da Pawn]

jueves, 30 de junio de 2016

Abandonado

Recién ahora, luego de tanto tiempo, llega a mí el sentimiento de desdicha por tu partida. Todo este tiempo había sido como una laguna mental para mí, como una televisión sin antena, en la cual no se distinguen bien ni las formas ni los colores. Así estaba yo, sin saber si aún estabas acá, o si ya te habías marchado. Entonces solo me quedaba imaginarme que todavía estabas junto a mí, que no te habías ido. Sonará patético, pero debo decir que hasta podía sentía el olor de tu cabello cada vez que me despertaba. Hasta podía escucharte susurrar una canción cualquiera mientras te vestías. Sentía todo eso y un par de cosas más que para qué mencionarlas, si al final ya no tiene sentido. Sí, ya no tienen sentido para mí, porque hoy descubrí que todo eso no eran más que mentiras, y que el único mentiroso era yo. Pues yo era el que me había mantenido engañado todo este tiempo. ¿Pero, para qué? Para ser feliz, para no desarmarme, para no derrumbarme, para no tumbarme a llorar. La verdad no sé por qué lo hacía. Lo único que sé es que ya no estás más acá, y quizá nunca más lo vuelvas a estar. Pero no estoy triste. Quizá todo tiene que ser así. Quizá las cosas no debían durar para siempre. Quizá uno no debiera aferrarse tanto a una verdad. Ni mucho menos debería alterarla para hacerse creer que todo está bien. Porque quizá sea bueno que de vez en cuando las cosas anden mal, para volver a comenzar de nuevo, para volver a encontrar otro motivo que le haga a uno olvidarse de todo lo malo e involuntariamente ir pintando una verdad mucho más colorida que la opaca realidad que a cada uno le rodea. Solo espero que sea así, y también espero que nunca olvides el camino de regreso, por si alguna vez sientes el deseo de volver. 

♪♫ [Amor sin rodeos - Gustavo Cerati]

jueves, 3 de marzo de 2016

La hoja en el árbol.

Ser como la hoja en el árbol, que se estremece ante las continuas acometidas del viento de la mañana invernal de marzo, que se estremece y se acostumbra a esa sensación. Que se acostumbra y le gusta, se divierte. Que ya no te le teme al viento, se burla de él. Que se siente más fuerte que nunca, que se siente invencible, como si ningún viento fuera capaz de vencerla. Que ya no le teme a la lluvia, ni tampoco a el sol. Que nadie podrá contra ella y su fuerza. 

Y el árbol, uno muy grande y con muchos años encima, se siente orgulloso de tener una hoja tan valerosa como ella. Se contagia de su vitalidad y continúa creciendo más y más, hacia arriba, hacia el cielo. Tanto que parece casi tocarlo. En ocasiones pareciera como si jugara con las nubes, como si las acariciara. Es increíble su majestuosidad. Los niños, al ver a este árbol recuerdan la extraordinaria belleza que la naturaleza tiene para ofrecer, no sólo a ellos sino a cada ser existente en la Tierra. Es tan hermoso verlo, que ellos regresan cada semana a contemplarlo durante varios minutos, como hipnotizados. A veces cierran los ojos, a veces sonríen, y a veces suspiran. Luego cuando lo creen oportuno, se despiden del árbol y empiezan a jugar alrededor de él. Era muy inspirador observar todo este ritual.
Lo lamentable ocurriría una tarde de abril, cuando los niños llegaron como de costumbre a ver al árbol, y él ya no estaba. Los niños se desesperaron, lloraban en su interior, no sabían que decir, sólo se miraron unos a los otros como abrazándose con las miradas. Lo único que atinaron a hacer fue sentarse en lo poco que había quedado del árbol. Lo hicieron así, para recordarlo. De pronto la amargura se esparció por cada rincón del bosque. Tanta majestuosidad había sido reducida a un simple tronquito de menos de un metro que salía de la tierra. 
El fatal crimen había sucedido muy temprano en la mañana. Mientras todas las hojas del árbol aún dormían plácidamente, abrigadas por el calor que emanaba de las ramas que las sostenían. Fue un violento sacudón lo que las despertó. Fue tan violento que algunas se abrazaron entre sí. Otras más curiosas se animaron a mirar hacia abajo para ver cuál había sido el culpable de ese incómodo despertar, y lo que vieron las espantó. 
Casi una decena de hombres se encontraban al rededor del árbol con unas máquinas que hacían un ruido ensordecedor. Cada uno introducía en el tronco del árbol unas afiladas puntas que estas máquinas tenían en un extremo. Lo estaban talando, e incluso en algunos de estos hombres se podía observar una sonrisa de placer al hacerlo. Ellos no escuchaban nada, pero el árbol y cada una de sus hojas lloraban con desesperación al presentir su fatal destino. Los otros árboles y los animales que se encontraban cerca de ellos los acompañaban en su llanto. Era una escena verdaderamente desgarradora.  
Llegado a un punto, y con el árbol ya muy débil como para poder sostenerse, los hombres lo empujaron para hacerlo caer. Las ramas intentaron sostenerse de lo que más podían pero su intento fue en vano. De un momento a otro ya se encontraban cayendo, y el suelo que antes parecía tan distante, ahora se lo observaba cada vez más cercano. Finalmente cayeron sobre él. Pero el árbol y sus hojas, aún con el fuerte golpe producto de la caída, encontraron fuerzas para despedirse de los demás árboles y los animales. Luego sonrieron, cerraron los ojos y no los volvieron a abrir nunca más. 
Los hombres, ya con el árbol muerto, procedieron a cortarlo en partes, y subieron cada una de éstas en unas enormes plataformas, las cuales se dirigirían hacia una fábrica, para en el futuro convertirse en un lindo juego de muebles que una familia común y corriente disfrutaría teniendo en la sala de su casa.

♪♫ [Mucha experiencia - Los Pericos]

jueves, 30 de julio de 2015

Frotándome la quijada. #4

Como una canción de Charly García que llega desde lejos y que irrumpe en mi tranquilo pensar. Irrumpe todo, lo desordena todo, lo destruye, lo acaba, lo hace trizas. Sí, hace todo eso y deja sólo escombros. 
Y no piensen que lo digo con tristeza, pues no lo es. Cuando hablo de tranquilidad no hablo de algo bueno, más bien lo hago desde un punto de vista negativo. Quizá para otros la tranquilidad sea una virtud o un regalo de la vida, pero yo pienso que tranquilidad y vida son palabras antónimas, pues se me hace muy ilógico pensar en una vida llena de tranquilidad. Yo pienso que sería muy aburrida, demasiado monótona. Claro, y es que a la vida lo que la hace tan interesante y entretenida son esos momentos incómodos y complicados, que nos hacen querer cavar un hoyo en la tierra, meternos dentro de él y no salir de allí nunca más. Suena un tanto masoquista lo que estoy diciendo, pero lo que realmente quiero destacar es la alegría que sentimos al salir de ese momento que resultó tan incómodo, ya que esa alegría no es la misma que sentimos la última vez, y tampoco se parece a ninguna otra alegría que pudimos haber sentido antes. Esta alegría es distinta, pues ahora ya somos más fuertes, tan fuertes que nos causa risa el simple hecho de recordar ese momento incómodo y penoso que tuvimos. 
Lo malo en todo esto es que muchas veces olvidamos con facilidad lo fuertes que somos, volviendo a caer nuevamente en ese círculo de angustia, el cual nos hace pedir y suplicar a la vida, casi a gritos, que nos regale más que sea un segundo de tranquilidad.

♪♫ [Cass - Más Birras]

lunes, 2 de marzo de 2015

Mi perrito...

... ahora forma parte del aire. 

Una vez más me veo acá, tratando de plasmar en letras lo que mi voz no puede expresar ni mucho menos reconocer. ¿Que qué se siente? Pues en realidad no se siente nada, porque es el vacío mismo lo que está presente ahora dentro de mi ser, es el desasosiego, es la ausencia, es el duro y cruel golpe de la vida que te recuerda de vez en cuando que todos los seres en esta vida son mortales y que ni el mayor deseo de que alguien permanezca a tu lado para siempre va a impedir que la naturaleza cumpla su más cruel propósito. 
Y hay miles de formas de llegar hasta este momento, el momento en que te encuentras cara a cara con la muerte, sí, la muerte, la villana más famosa de todo el universo, la cual crea olas de tristeza a todo su alrededor. Ahora bien,  siendo objetivos, en realidad lo triste no es que la muerte se haga presente... lo triste en sí son los recuerdos que se van formando en el trayecto hacia ese momento, es decir a lo largo de toda vida, una vida que siempre nos parece muy corta una vez que ha llegado a su fin. Lo triste son los objetos que se quedan impregnados con la imagen y con la esencia del ser que se va, tampoco hay que olvidar los lugares en que esos recuerdos se formaron, lugares en los que ahora parece que el tiempo se detuviera para que miles de imágenes se hagan presente en la mente de la persona que se planta sobre él, imágenes que tienen como objetivo principal despertar y avivar aún más la herida provocando que las lágrimas broten de los ojos con una fuerza sobrenatural y llenas de tanta tristeza que quemen y dejen marcas imborrables sobre las mejillas. 

Alguien podrá decir que la muerte de mi perrito lo va alejar de mí, pero no es así, en realidad lo va a acercar mucho más, ya que ahora él no sólo estará en mi casa esperando mi llegada. Será mucho más que eso. Ahora su recuerdo me estará esperando en cada rincón y lugar al que yo vaya. Ahora él en cierta manera formará parte de mí y de todas la personas que lo conocieron... ahora él formará parte del aire.

♪♫ [Soledad - Jorge Drexler]