jueves, 8 de septiembre de 2011

¿Destino o casualidad ?





Tengo 12 años y estoy en el mismo salón que el niño de los cabellos dorados, a ese que  se lo conoce por ayudar a los demás, el que le roba sonrisas a cualquiera con su extraño y algo confuso sentido del humor, y  también por el que todas las niñas suspiran. Aahh que alegría es conocer a personas como él, todos disfrutamos de su amistad, y aprendemos mucho de él todos los días. Yo creo que con el paso del tiempo él seguirá siendo igual, o talvez mucho mejor. 

¿? 

¿Pero qué me pasa? Yo ya no tengo 12 años, lo que sí es cierto es que estaba en el mismo salón que ese niño, y no tenía el cabello dorado, era algo castaño pero nada fuera de lo común. Era una gran persona, sí, eso es verdad, bueno lo sigue siendo. Ahora él tiene casi 20 años, le ha crecido la barba, y en cuanto a él, también ha crecido a un par de centímetros. Le gusta salir con sus amigos, y disfruta mucho pasando el tiempo con una chica que ha conocido hace algunos meses. Muy  de vez en cuando hace cosas malas, pero él sabe cuidarse bien... o eso era lo que todos pensábamos. 
Eeeen fin. Sé que tomará las cosas con calma, y tratará de hacer lo correcto,  es verdad que le tocará aprender cosas antes de tiempo, pero yo creo que el sabrá salir adelante.

En cuanto a mí. Una vez más estoy aprendiendo de los errores ajenos. 



♪♫ [Gringa Loca - Héctor Napolitano]

martes, 5 de julio de 2011

Frontándome la quijada. #1


Si los adventistas, testigos de Jehová, cristianos, y demás religiosos van a nuestras casas a hablarnos de Dios, y de sus creencias, entonces ¿los ateos pueden también ir a las casas de toda la gente a hablar de ateísmo?




Me parece que se deberían respetar las creencias de cada persona.





♪♫ [Me haces bien - Jorge Drexler]

viernes, 17 de junio de 2011

Cable a tierra.


Si estás entre volver y no volver
si ya metiste demasiado en tu nariz
si estás como cegado de poder
tirate un cable a tierra.


Mi cable a tierra vendrían siendo mis amigos y mi familia. 
Ellos son los que han estado ahí siempre que los he necesitado. Cada vez que siento que me va a estallar la cabeza por tantos pensamientos traicioneros, llenos de incertidumbre tan sólo me basta con agarrar el primer bus que vea y ya estoy allá, en otro mundo, otro andar. Aunque para muchos se le dificulte respirar por la altura, a mí en cambio me pasa que respiro con más libertad, no porque me guste estar allá, de hecho me incomoda el frío, me fastidia estar todo abrigado, pero ese frío me acompaña solamente hasta que vea a mis amigos, es ahí cuando se va, junto con el tedio, la incertidumbre, la cobardía y todo lo triste que tiene esta rutina de no saber que hacer.  Sólo necesito darles un abrazo para sentirme lleno de vida. Esos abrazos son como maquinas del tiempo, me devuelven por segundos a esos años gloriosos en el colegio, en el Mena Caamaño, en el Mena como le decimos de cariño. Además me muestran con alegría que seguimos siendo los mismos atorrantes de siempre, y es que cuando nos juntamos somos como niños con pelota nueva, inquietos, fastidiosos, pero felices al fin. A mi me hace bien estar con ellos y a ellos les hace bien estar conmigo, que más se le puede pedir a ese sentir, nada. 
Antes, cuando los tenía al lado todo el tiempo, no me daba cuenta de eso, claro que lo disfrutaba pero quizá no los valoraba lo suficiente. No me reprocho nada, al contrario, me alegra haberme dado cuenta a tiempo. En fin creo que me gusta más abrazarlos después de no verlos en mucho tiempo, por que los abrazo con más fuerza. No es un abrazo cotidiano, es algo más fuerte. Y me agrada eso, me agrada que ellos sean mi cable a tierra. Luego de varios día de reir a cada segundo, me toca la parte dura, volver al bus pero ahora para volver a casa, y cuando llego veo a mi mamá,  ahí, tan serena como siempre, la beso y la abrazo. Eso me agrada el doble.

 ♪♫ [Cable a tierra - Fito Paez]