jueves, 30 de junio de 2016

Abandonado

Recién ahora, luego de tanto tiempo, llega a mí el sentimiento de desdicha por tu partida. Todo este tiempo había sido como una laguna mental para mí, como una televisión sin antena, en la cual no se distinguen bien ni las formas ni los colores. Así estaba yo, sin saber si aún estabas acá, o si ya te habías marchado. Entonces solo me quedaba imaginarme que todavía estabas junto a mí, que no te habías ido. Sonará patético, pero debo decir que hasta podía sentía el olor de tu cabello cada vez que me despertaba. Hasta podía escucharte susurrar una canción cualquiera mientras te vestías. Sentía todo eso y un par de cosas más que para qué mencionarlas, si al final ya no tiene sentido. Sí, ya no tienen sentido para mí, porque hoy descubrí que todo eso no eran más que mentiras, y que el único mentiroso era yo. Pues yo era el que me había mantenido engañado todo este tiempo. ¿Pero, para qué? Para ser feliz, para no desarmarme, para no derrumbarme, para no tumbarme a llorar. La verdad no sé por qué lo hacía. Lo único que sé es que ya no estás más acá, y quizá nunca más lo vuelvas a estar. Pero no estoy triste. Quizá todo tiene que ser así. Quizá las cosas no debían durar para siempre. Quizá uno no debiera aferrarse tanto a una verdad. Ni mucho menos debería alterarla para hacerse creer que todo está bien. Porque quizá sea bueno que de vez en cuando las cosas anden mal, para volver a comenzar de nuevo, para volver a encontrar otro motivo que le haga a uno olvidarse de todo lo malo e involuntariamente ir pintando una verdad mucho más colorida que la opaca realidad que a cada uno le rodea. Solo espero que sea así, y también espero que nunca olvides el camino de regreso, por si alguna vez sientes el deseo de volver. 

♪♫ [Amor sin rodeos - Gustavo Cerati]

miércoles, 25 de mayo de 2016

Martín, uno de los imprescindibles.


Esta publicación se la quiero dedicar de manera muy especial a un gran amigo mío, a un hermano del alma, a una de esas personas de la cual muchas cosas buenas en mi vida dependen. De esas personas de las cuales escucho su nombre y mi mente se llena con recuerdos alegres, imágenes de sonrisas, y sonidos de carcajadas. Y todo eso desde lo más recóndito de mi memoria. Porque son recuerdos que sirven de sostén para mantenerme a salvo en esos días en los que todo parece echarse para atrás.
Pues esa persona, es Martín. Entonces a mí me pasa que cuando escucho el nombre de él, se me inunda la cabeza con muchos recuerdos, recuerdos de cuando aún éramos muy jóvenes y luego ya no tanto. 
Entre esos recuerdos siempre sobresalen los de haber estado jugando partidos de fútbol en el Play Station en mi casa. También se me vienen a la mente imágenes de estar observándolo en una de sus presentaciones musicales mientras él tocaba el bajo en alguna plaza de Quito. Recuerdo haber tenido un partido memorable junto a él, en contra de un grupo de albañiles en un parque muy descuidado de la ciudad. Recuerdo haber estado jugando fútbol bajo una lluvia tremenda, con una cancha llena de charcos, y asemejándose cada vez más a una piscina olímpica. Recuerdo también el ir a su casa la mayoría de las tardes después del colegio a jugar Top Gear en su computadora, y luego ponernos a cantar en el karaoke canciones en inglés que jamás en nuestra vida habíamos escuchado. Recuerdo haber estado en la playa con él, mientras tomaba la valiente decisión de dejar de lado el paseo de fin de curso, por ir a declararle su amor a la chica de la cual él estaba enamorado. Recuerdo también la noche en la que leí su e-mail en que me contaba los duros cambios que se iban a venir en su vida, las nuevas responsabilidades que iba a tener desde ese momento, y de lo asustado que se sentía. Y así, al igual que estos recuerdos, tengo muchos más que sobrevienen a mi memoria con el solo hecho de escuchar su nombre.
Cabe destacar que estos recuerdos si bien pueden ser alegres y otros no tanto, siempre me han ayudado para saber que cuento con un gran amigo, y con el que siempre he mantenido la cercanía oportuna como para ser un apoyo mutuamente. En fin, él es uno de esos amigos que uno podría presumir al resto de personas. Es por eso que simplemente quería brindar un homenaje a una de las personas indispensables en mi vida... a uno de mis imprescindibles.
Por eso y mucho más, ¡gracias, Martín!
♪♫ [Amigo mío - Jauría]

jueves, 5 de mayo de 2016

Mi batalla contra el silencio


¿Por qué los silencios nos son tan incómodos? 
¿Por qué nos invade la desesperación a cada minuto que se extiende su presencia en nuestro espacio? ¿Por qué en ocasiones se vuelve tan complicado encontrar una manera inteligente de acabar con él? ¿Por qué tenemos que escoger la manera más estúpida para acabar con la tensión que nos provoca? 

¿Entienden lo que les trato de decir? 
Pues si su respuesta es "no", entonces el mejor ejemplo es... este mismo momento, sí, este mismo silencio, y este mismo inútil tratando de zafarse de él. 
¿Será acaso que podré vencerlo y me podré librar de él de una manera inteligente, o será que pierdo la batalla contra la tensión del momento, y decido hacerlo de la manera estúpida? 
Veamos, mmm... ¡Ya está, desapareció!
Ahora todo es ruido, y el caos se apodera de cada rincón de la habitación. 
Pero lo logré, acabé con el silencio. 
Y sí, lo hice de la manera estúpida. 
Una vez más.

♪♫ [Arde la ciudad - Mancha de Rolando]

sábado, 9 de abril de 2016

Tardes difuminadas.


Pero también están las tardes grises. Sí. No intentemos pintar el mundo de colores bonitos. No. Hay que ser sinceros. Hay días en los que el ánimo parece haberse escurrido mientras dormías, y al despertar no tienes ganas de hacer absolutamente nada. Es más como una sensación de extrañeza total con el mundo. Es una sensación tras la cual todas las actividades que cada día realizabas con normalidad, de pronto parecen absurdas y sin sentido. Y te desesperas, obviamente, te irritas también. Incluso te sientes un poco estúpido. Además te empiezas a preguntar si alguna vez podrás volver a tu estado de ánimo normal. Dudas de si pueda ser solo una sensación pasajera o si se quedará contigo para siempre. Entonces el aburrimiento deja de ser tal, y pasa a convertirse en temor, temor a la fragilidad. Lo bueno de todo esto -porque tampoco todo tiene ser malo-, es que una mañana al despertar, esa sensación de extrañeza se habrá ido. Así, tal cual como llegó, sin avisar. Lo cual hará que te sientas dichoso, revitalizado y muy alegre. Por lo cual con el paso del tiempo incluso te llegues a olvidar de lo frágil que eres. Lo cual, yo después de todo, considero que está muy bien, porque la fragilidad es parte fundamental de la vida. Sin ella, muchas cosas no serían posibles. Pero también si se le diera mucha importancia, pues todo sería muy aburrido. ¿No?

♪♫ [Hero - Family of the year]

jueves, 3 de marzo de 2016

La hoja en el árbol.

Ser como la hoja en el árbol, que se estremece ante las continuas acometidas del viento de la mañana invernal de marzo, que se estremece y se acostumbra a esa sensación. Que se acostumbra y le gusta, se divierte. Que ya no te le teme al viento, se burla de él. Que se siente más fuerte que nunca, que se siente invencible, como si ningún viento fuera capaz de vencerla. Que ya no le teme a la lluvia, ni tampoco a el sol. Que nadie podrá contra ella y su fuerza. 

Y el árbol, uno muy grande y con muchos años encima, se siente orgulloso de tener una hoja tan valerosa como ella. Se contagia de su vitalidad y continúa creciendo más y más, hacia arriba, hacia el cielo. Tanto que parece casi tocarlo. En ocasiones pareciera como si jugara con las nubes, como si las acariciara. Es increíble su majestuosidad. Los niños, al ver a este árbol recuerdan la extraordinaria belleza que la naturaleza tiene para ofrecer, no sólo a ellos sino a cada ser existente en la Tierra. Es tan hermoso verlo, que ellos regresan cada semana a contemplarlo durante varios minutos, como hipnotizados. A veces cierran los ojos, a veces sonríen, y a veces suspiran. Luego cuando lo creen oportuno, se despiden del árbol y empiezan a jugar alrededor de él. Era muy inspirador observar todo este ritual.
Lo lamentable ocurriría una tarde de abril, cuando los niños llegaron como de costumbre a ver al árbol, y él ya no estaba. Los niños se desesperaron, lloraban en su interior, no sabían que decir, sólo se miraron unos a los otros como abrazándose con las miradas. Lo único que atinaron a hacer fue sentarse en lo poco que había quedado del árbol. Lo hicieron así, para recordarlo. De pronto la amargura se esparció por cada rincón del bosque. Tanta majestuosidad había sido reducida a un simple tronquito de menos de un metro que salía de la tierra. 
El fatal crimen había sucedido muy temprano en la mañana. Mientras todas las hojas del árbol aún dormían plácidamente, abrigadas por el calor que emanaba de las ramas que las sostenían. Fue un violento sacudón lo que las despertó. Fue tan violento que algunas se abrazaron entre sí. Otras más curiosas se animaron a mirar hacia abajo para ver cuál había sido el culpable de ese incómodo despertar, y lo que vieron las espantó. 
Casi una decena de hombres se encontraban al rededor del árbol con unas máquinas que hacían un ruido ensordecedor. Cada uno introducía en el tronco del árbol unas afiladas puntas que estas máquinas tenían en un extremo. Lo estaban talando, e incluso en algunos de estos hombres se podía observar una sonrisa de placer al hacerlo. Ellos no escuchaban nada, pero el árbol y cada una de sus hojas lloraban con desesperación al presentir su fatal destino. Los otros árboles y los animales que se encontraban cerca de ellos los acompañaban en su llanto. Era una escena verdaderamente desgarradora.  
Llegado a un punto, y con el árbol ya muy débil como para poder sostenerse, los hombres lo empujaron para hacerlo caer. Las ramas intentaron sostenerse de lo que más podían pero su intento fue en vano. De un momento a otro ya se encontraban cayendo, y el suelo que antes parecía tan distante, ahora se lo observaba cada vez más cercano. Finalmente cayeron sobre él. Pero el árbol y sus hojas, aún con el fuerte golpe producto de la caída, encontraron fuerzas para despedirse de los demás árboles y los animales. Luego sonrieron, cerraron los ojos y no los volvieron a abrir nunca más. 
Los hombres, ya con el árbol muerto, procedieron a cortarlo en partes, y subieron cada una de éstas en unas enormes plataformas, las cuales se dirigirían hacia una fábrica, para en el futuro convertirse en un lindo juego de muebles que una familia común y corriente disfrutaría teniendo en la sala de su casa.

♪♫ [Mucha experiencia - Los Pericos]