martes, 13 de junio de 2017

Del cómo fue que te volví a ver.

No te lo había dicho antes por temor a que te asustaras, pero los dos no nos conocimos el mismo día. Yo ya te había conocido antes de que tú me conocieras a mí.

Te conocí una mañana en la casa de un amigo. Te me presentaste sin anunciar en uno de mis tantos sueños extraños que suelo tener cuando ando chuchaqui. Del resto del sueño no recuerdo casi nada con claridad, solo recuerdo el momento en que te vi. En mis sueños suelo ver a gente que no recuerdo pero contigo sentí algo extraño, y cuando escuché tu voz lo sentí mucho más. Aquella era la primera vez que te veía en mi vida, y nunca me voy a olvidar de esa ocasión. 

No le conté a nadie de esa experiencia, pero desde ese sueño empecé a buscarte en la vida real. Ya que yo sabía que no podías ser solo imaginación mía. Te busqué hasta el cansancio, en cada lugar al que iba, y lo hice hasta el punto en que llegué a pensar que nunca te iba a encontrar. Te buscaba en la cara de todas las personas. Los miraba a todos esperando encontrarme tu rostro en el de algunos de ellos. Se volvió casi como un pasatiempo para mí, un pasatiempo secreto. Alguien podrá decir que es algo romántico, pero yo muchas veces he dudado de eso. La verdad es que no sé muy bien qué era.

En fin, todos mis intentos fueron en vano. No te pude encontrar en la realidad, pero afortunadamente volví a verte en mis sueños en algunas ocasiones, siempre en escenas con mucho ruido. Te veía borrosa, pero sentía que me llamabas, o al menos tus gestos me hacían parecer eso. Tuve alrededor de cuatro sueños de ese estilo, pero luego sin más, dejaron de suceder. Ya ni siquiera te veía en mis sueños, ahora eras solo un recuerdo, el cual cada vez se iba volviendo más vago.

Estuvieron algunas personas en mi vida durante todos esos años desde la primera vez que te vi, pero nunca te olvidé del todo. Hubo un día en que tomé una decisión importante, te iba a olvidar, y sentí que era lo mejor que podía hacer. Pasaron entonces algunos meses desde ese día, los cuales fueron algo extraños, como de desintoxicación, y debo admitir que no estuvieron tan mal. Me dediqué a otras actividades, algunas más sanas que otras, pero entretenidas al fin.

Sentía que todo empezaba a tener estabilidad, y eso era algo que antes hubiese detestado pero que en ese momento me ayudaba a mantenerme a flote. Hubo una noche en que estaba pensando sobre eso mientras esperaba el bus, y del otro lado de la calle noté que alguien que llevaba un abrigo de capucha me estaba mirando. Supe que la cosa era conmigo porque no había nadie más en la parada. Luego vi a aquella persona cruzar la calle, lo hacía con un caminar extraño. Me empecé a poner nervioso, porque con la mala suerte que suelo tener me imaginé que algo malo iba a pasarme. Miré hacía otra parte y traté de calmarme. Entonces vi una sombra pasar por mi lado derecho y ponerse frente a mí. Era la misma persona encapuchada que estaba al otro lado de la calle.

Lo que sucedió luego lo recuerdo con exactitud. Mientras te quitabas la capucha puedo asegurar que me  pellizqué más de trescientas ochenta y cuatro veces para saber si era verdad lo que estaba pasando. Cada uno de esos pellizcos me dolió más que el anterior, y entre más me dolía, más rápido latía mi corazón por la emoción. Te reconocí, con lentitud pero lo hice. Eras tú, tan hermosa e incluso más que de lo que te recordaba. Me dijiste "hola", y yo no pude decir nada, porque al escuchar tu voz nuevamente, una sonrisa enorme, como de reina de belleza cuando se sabe ganadora se dibujó en mi cara, (lo sé, está muy trillada la cosa pero solo trato de describir la situación con la mayor exactitud posible). Tú me miraste y sonreíste también.

Hay pocas cosas que nunca olvidaré en mi vida, y entre esas pocas están esa sonrisa tuya, y también está aquella noche. Porque esa noche yo te volví a ver. Y también porque esa noche tú por fin me pudiste conocer a mí por primera vez.

♪♫ [Ventanas - Lolabúm]

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