sábado, 9 de abril de 2016

Tardes difuminadas.


Pero también están las tardes grises. Sí. No intentemos pintar el mundo de colores bonitos. No. Hay que ser sinceros. Hay días en los que el ánimo parece haberse escurrido mientras dormías, y al despertar no tienes ganas de hacer absolutamente nada. Es más como una sensación de extrañeza total con el mundo. Es una sensación tras la cual todas las actividades que cada día realizabas con normalidad, de pronto parecen absurdas y sin sentido. Y te desesperas, obviamente, te irritas también. Incluso te sientes un poco estúpido. Además te empiezas a preguntar si alguna vez podrás volver a tu estado de ánimo normal. Dudas de si pueda ser solo una sensación pasajera o si se quedará contigo para siempre. Entonces el aburrimiento deja de ser tal, y pasa a convertirse en temor, temor a la fragilidad. Lo bueno de todo esto -porque tampoco todo tiene ser malo-, es que una mañana al despertar, esa sensación de extrañeza se habrá ido. Así, tal cual como llegó, sin avisar. Lo cual hará que te sientas dichoso, revitalizado y muy alegre. Por lo cual con el paso del tiempo incluso te llegues a olvidar de lo frágil que eres. Lo cual, yo después de todo, considero que está muy bien, porque la fragilidad es parte fundamental de la vida. Sin ella, muchas cosas no serían posibles. Pero también si se le diera mucha importancia, pues todo sería muy aburrido. ¿No?

♪♫ [Hero - Family of the year]

jueves, 3 de marzo de 2016

La hoja en el árbol.

Ser como la hoja en el árbol, que se estremece ante las continuas acometidas del viento de la mañana invernal de marzo, que se estremece y se acostumbra a esa sensación. Que se acostumbra y le gusta, se divierte. Que ya no te le teme al viento, se burla de él. Que se siente más fuerte que nunca, que se siente invencible, como si ningún viento fuera capaz de vencerla. Que ya no le teme a la lluvia, ni tampoco a el sol. Que nadie podrá contra ella y su fuerza. 

Y el árbol, uno muy grande y con muchos años encima, se siente orgulloso de tener una hoja tan valerosa como ella. Se contagia de su vitalidad y continúa creciendo más y más, hacia arriba, hacia el cielo. Tanto que parece casi tocarlo. En ocasiones pareciera como si jugara con las nubes, como si las acariciara. Es increíble su majestuosidad. Los niños, al ver a este árbol recuerdan la extraordinaria belleza que la naturaleza tiene para ofrecer, no sólo a ellos sino a cada ser existente en la Tierra. Es tan hermoso verlo, que ellos regresan cada semana a contemplarlo durante varios minutos, como hipnotizados. A veces cierran los ojos, a veces sonríen, y a veces suspiran. Luego cuando lo creen oportuno, se despiden del árbol y empiezan a jugar alrededor de él. Era muy inspirador observar todo este ritual.
Lo lamentable ocurriría una tarde de abril, cuando los niños llegaron como de costumbre a ver al árbol, y él ya no estaba. Los niños se desesperaron, lloraban en su interior, no sabían que decir, sólo se miraron unos a los otros como abrazándose con las miradas. Lo único que atinaron a hacer fue sentarse en lo poco que había quedado del árbol. Lo hicieron así, para recordarlo. De pronto la amargura se esparció por cada rincón del bosque. Tanta majestuosidad había sido reducida a un simple tronquito de menos de un metro que salía de la tierra. 
El fatal crimen había sucedido muy temprano en la mañana. Mientras todas las hojas del árbol aún dormían plácidamente, abrigadas por el calor que emanaba de las ramas que las sostenían. Fue un violento sacudón lo que las despertó. Fue tan violento que algunas se abrazaron entre sí. Otras más curiosas se animaron a mirar hacia abajo para ver cuál había sido el culpable de ese incómodo despertar, y lo que vieron las espantó. 
Casi una decena de hombres se encontraban al rededor del árbol con unas máquinas que hacían un ruido ensordecedor. Cada uno introducía en el tronco del árbol unas afiladas puntas que estas máquinas tenían en un extremo. Lo estaban talando, e incluso en algunos de estos hombres se podía observar una sonrisa de placer al hacerlo. Ellos no escuchaban nada, pero el árbol y cada una de sus hojas lloraban con desesperación al presentir su fatal destino. Los otros árboles y los animales que se encontraban cerca de ellos los acompañaban en su llanto. Era una escena verdaderamente desgarradora.  
Llegado a un punto, y con el árbol ya muy débil como para poder sostenerse, los hombres lo empujaron para hacerlo caer. Las ramas intentaron sostenerse de lo que más podían pero su intento fue en vano. De un momento a otro ya se encontraban cayendo, y el suelo que antes parecía tan distante, ahora se lo observaba cada vez más cercano. Finalmente cayeron sobre él. Pero el árbol y sus hojas, aún con el fuerte golpe producto de la caída, encontraron fuerzas para despedirse de los demás árboles y los animales. Luego sonrieron, cerraron los ojos y no los volvieron a abrir nunca más. 
Los hombres, ya con el árbol muerto, procedieron a cortarlo en partes, y subieron cada una de éstas en unas enormes plataformas, las cuales se dirigirían hacia una fábrica, para en el futuro convertirse en un lindo juego de muebles que una familia común y corriente disfrutaría teniendo en la sala de su casa.

♪♫ [Mucha experiencia - Los Pericos]

lunes, 29 de febrero de 2016

29 centavos de inspiración.


No importa de donde venga ese golpe de inspiración que haga brotar debajo de todos estos escombros algunas ideas claras, no importa de donde, pero debe venir. Da lo mismo si la hallo en una canción, en una película, en un libro, en una palabra escuchada sin querer en la conversación de dos niños mientras camine por la calle, o en la mirada de una chica que pasa frente a mí mientras estoy parado en una esquina cualquiera de esta ciudad. 
Aunque pensándolo un poquito más, la verdad es que a mí me gustaría que la pueda descubrir mientras escucho una canción de Charly, sí, y no sería la primera vez, jajajaja. Charly siempre me ayudó a despejar la mente cuando tenía muy entreveradas las ideas, o también me ayudaba a sembrar dudas que me entretenían en los momentos que el aburrimiento parecían apoderarse de cada uno de los rincones de mi habitación. Sea como sea, siempre me daba algo, para que me siente frente al computador y empezara a escribir como loco, como cuando uno está dando un examen y luego de mucho pensar en la respuesta de una pregunta, logra recordarla, y empieza a escribirla antes de que la idea se esfume, así, así mismo era como yo escribía luego de escribir una canción de Charly. Lo hacía como sí lo que estaba escribiendo era la mayor verdad del mundo, y es que yo la sentía así. Sentía como cada palabra se desprendía con una increíble soltura desde mi cuerpo. Recorría mi cerebro, bajaba por mi cuello, avanzaba hacia mis brazos, luego se dirigía hacia mis manos, y luego con gran naturalidad se desprendían de las yemas de mi dedos. La verdad es que esa sensación era extraordinaria. Era un estado de lucidez y de plenitud superior a cualquiera antes sentido. 
Era... no sé, la verdad ya no sé, no hay manera de explicar eso. Intentar hacerlo es irritante, porque uno siente como miles de palabras van rozando el significado de esa sensación y ninguna de ellas puede atinarle a su verdadero sentido. Es tan irritante que luego termina por hacerme perder el hilo de la idea que antes me mantenía escribiendo. Así tal cual como me sucede en este momento. 
¡Qué irónico! Pero sobre todo... ¡qué predecible!

♪♫ [Aprendizaje - Sui Generis]

jueves, 28 de enero de 2016

¡Soy de A77AQUE, es un sentimiento, y no puedo parar!

Así mismo es, la verdad que es Attaque 77 es una banda que como ya lo pude haber mencionado en otras publicaciones, me ha a acompañado a lo largo de toda mi adolescencia y también en estos pocos años de lo que puede llamarse adultez. Y es que es algo increíble como aún sus canciones siguen despertando en mí tantas emociones. Sin olvidar el amor a primera escuchada que tuve con ellas. Porque, qué me iba a imaginar yo, a mis 14 años, que cuando escuché aquel estribillo agudo de "Echo fuego", estaba marcando el inicio de algo muy importante en mi vida, es decir mi estilo de vida, sí, mi estilo de vida, y mi estilo de pensar también, si se quiere. Y esto lo digo porque las letras y las melodías que pude encontrar en sus canciones realmente fueron formando mi criterio sobre tantos problemas sociales que antes de eso los creía como cosas ajenas a mí. Pero no sólo despertó mi parte crítica en el modo de ver la vida, sino también despertó un sin número de emociones que al principio al escuchar las canciones no las comprendía, pero luego conforme iba creciendo e iba teniendo una infinidad de experiencias, entonces ahí ya llegaba a comprenderlas y eso me ayudaba para de una u otra manera asimilar mejor lo que en ese momento me sucedía. 
Cabe recalcar, que cuando digo que me ha ayudado es porque de verdad lo ha hecho, y no sólo en pocas veces, ya que ha sido muchas, y en distintos contextos. Con sus canciones he reído, he pensado, he llorado, he movido mi cabeza hasta más no poder, me he sentido desorientado, he sentido miedo, me he sentido la persona más afortunada del mundo, y así, etc. Pero sobre todo, cabe mencionar la infalible receta contra mis bajones que resultan ser muchas de sus canciones, ya que de una u otra manera, esas canciones se encuentran enlazadas con algún recuerdo aliviador, ellas son transportadoras de memorias de un tiempo mejor, de tiempos pasados, de tiempos ya superados y carentes de la incertidumbre del presente, el cual muchas veces se puede presentar atemorizante, haciendo que deba recurrir a esas canciones para recobrar la energía necesaria para hacer frente a esas incertidumbres. 
Otro detalle que debo mencionar es que con el paso del tiempo he sabido reconocer el peligro que conlleva el hacer uso de esa receta musical, ya que en muchas ocasiones el usarla en demasía ha despertado una cantidad incontrolable de flashbacks en mi cabeza, ocasionando que en lugar de aliviarme, me angustie más, debido a la tristeza que puede representar recordar el pasado. 
Bueno, en síntesis eso es lo que Attaque 77 representa para mí, y no me queda nada más que agradecerle a la vida por haberme permitido escuchar cada una de sus canciones, todas, para ser más precisos. 
Y para no desentonar, nunca está de más volver a repetir un "Aguante A77AQUE!"

♪♫ [Numancia - Attaque 77]

lunes, 11 de enero de 2016

Premios E.M.I. a lo mejor del 2015

Primero que todo, quiero aclarar que esta entrada la tenía pensado publicar el 31 de diciembre, pero por distintos motivos, recién lo haré ahora. También he decidido dejarla tal cual como estaba pensada en un principio, para no desfigurar en lo más mínimo el sentido de la misma.

Aquí empieza la publicación original. 
La verdad es que da ganas de que este año no se acabe, ya que ha sido un año lleno de sorpresas buenas, de total aprendizaje, y de crecimiento en cada aspecto de la vida. En fin, ha sido un año que lo recordaré con mucho cariño. Pasaron tantas cosas, que el sólo hecho de recordarlas me llena de mucha emoción. Así que sin nada más que decir, aquí le va la lista de las cosas que más recordaré del 2015:
  • Premio al verdugo del año: Ninguno. Si pudieron haberme pasado cosas malas este año, yo asumo la responsabilidad de cada una de ellas. 
  • Premio al viaje del año: Toodos, este año todos los viajes estuvieron espectaculares.
  • Premio a la mejor idea del año: Escribir más. Aquí y en todas partes donde pudiera.
  • Premio al video del año: La entrevista a mi abuelito. 
  • Premio al mejor beso: Uno con mi enamorada, sin duda, ¿cuál? Pues todos. Toditos han sido fabulosos.
  • Premio a la peor (mejor) borrachera: En un año de bastante sobriedad, me voy a quedar con las infaltables cervezas luego de los partidos con los SPB.
  • Premio al más borracho: Mi panita, Philip, sin lugar a duda.
  • Premio a la mejor visita: Cada una de las visitas de mis sobrinos en los feriados.
  • Premio al mejor concierto: Los pericos, en el QuitoFest. 
  • Premio al más fumón: Mi panita, "Rojo", de largo.
  • Premio a la amistad revelación: Mi pana "El gato", por estar siempre pendiente de uno.
  • Premio al mejor tema de risa en el año: La goleada de Emelec a Barcelona en la final del año pasado. Su simple recuerdo dibujó una sonrisa en mi rostro en cada oportunidad que pudo.
  • Premio al mejor partido de fútbol: SPB 2 - Brasil 2. ¡Puuf! Fue un partido de aquellos.
  • Premio a la frase del año: "No, no, no, espera, pero déjame terminar de hablar", sin duda.
  • Premio al chiste del año: El de "la una va llena y la otra vacía", jajaja, sí que reí. 
  • Premio a la decisión del año: Prestarle mi flash memory a una desconocida, la cual ahora es mi enamorada.
Y bueno, con esto despido a este año, del que me llevo muchos recuerdos maravillosos, y los cuales  espero que sean el inicio de muchas otras cosas de igual o mayor magnitud en el futuro. 
¡Allá vamos, 2016!
♪♫ [Efêmera - Tulipa Ruiz]